lunes, 5 de septiembre de 2011

La tortura China: Aprender Mandarín

Muchas personas que comienzan con la intención de aprender mandarín lo terminarán dejando no por el hecho de ser difícil, sino porque es extremadamente complicado, y los resultados de fluidez verbal y comprensión auditiva  nunca se verán en el mismo tiempo que se ven en otros idiomas más sencillos como Italiano, inglés u otras lenguas europeas, y puede llegar a ser muy frustrante para aquellos de espíritu perfeccionista.  El idioma chino, como buen reflejo de la cultura, requiere disciplina, esfuerzo, paciencia y armonía.

Lo que puede resultar más exigente es entender el sistema de escritura, que tiene una antigüedad de 5000 años, y afortunadamente, el gobierno chino decidió hace algún tiempo que era demasiado complicado por lo que se estableció el sistema simplificado de escritura, que para cualquier occidental no parecerá para nada simple.

El chino carece de alfabeto, por lo que puede resultar imposible siquiera adivinar la pronunciación correcta de un carácter.   Lo más parecido a un alfabeto, que es más una guía gráfica de las estructuras que se usan en los Han Zi (en español: letra china), es 永字八法 (yong zi ba fa), que traduce los ocho trazos de la letra yong, pues es la letra donde se pueden encontrar los 8 trazos básicos de la caligrafía china.  Cabe anotar que cada trazo tiene variaciones.  El mayor es Gou (gancho) con unas 9 variaciones.

Aprender el Ba Fa, ayudará bastante a la hora de aprender el orden de los trazos de las palabras cotidianas y a entender la estética de las letras.

Poco a poco, lo que antes eran mamarrachos sin ningún sentido, pasarán a mostrar la estructura,  e incluso uno puede  intuir el significado de algunas palabras.  eso es después de haber aprendido muchas palabras y de haber hecho un sinnúmero de repeticiones.

El segundo mayor reto de aprender mandarín es por supuesto la fonética, pues existen consonantes que en los idiomas romances no existen como tal.  Es imperativo saber pronunciar correctamente las consonantes explosivas (P, T, K y CH) también captar y reproducir excelentemente la J (como la J en Orange Juice) la Q (como un ch muy apretada... hay que tratar de pronunciar una T antes de la ch), la ZH (como en John), etc
Las vocales no cambian tanto, excepto por la E que debe pronunciarse como si se tratara de una Ö (en alemán).  Una vez se dominan las vocales y consonantes, es necesario prestar muchísima atención a los 4 acentos.  El primero, que es un poco más alto del tono normal con el que uno habla, el segundo, que asciende como quien hace una pregunta, el tercero, que baja el tono y luego sube, y el cuarto que es el más marcado y va hacia abajo, como cuando una vocal lleva una tilde en español.

Una vez se tiene todo esto claro, el mandarín será como aprender cualquier otro idioma: aprender nuevas palabras, de las cuales habrá que no solamente aprender su significado, sino también su escritura, correcta pronunciación y el tono con el cual se debe decir.  Y aprender las estructuras gramaticales, que afortunadamente es lo más sencillo de este idioma.

Aprender mandarín es uno de los emprendimientos más exigentes que una persona puede hacer, pero paulatinamente al ir avanzando y mejorando se tendrá a un entendimiento cultural e histórico que solamente a través de la escritura es posible asimilar, se tendrá acceso a la auténtica personalidad de los chinos, pues si aquellos que no lo hablan o aquellos cuyo inglés es muy básico, son capaces de entender tu mandarín, se sentirán más cómodos y auténticos.  Y por último, se tiene acceso a un mercado enorme, pues son 1.300 millones de hablantes.


Si alguien quiere aprender más sobre caligrafía china http://articulo.mercadolibre.com.co/MCO-18972330-caligrafia-china-_JM

jueves, 1 de septiembre de 2011

Perdiendo la virginidad China ... la primera vez


Desde una de las  salas de espera del Aeropuerto de Los Angeles a las 10:24 a.m (hora local), ya uno se siente que pertenece al otro lado del mundo porque la proporción de orientales supera por mucho la población occidental.  Incluso el idioma predominante en la sala es una cantidad de susurros incomprensibles.  Incluso para mí, que llevaba por ese entonces 3 años estudiando mandarín, resulta frustrante no poder entender absolutamente nada.

Una vez en el avión, con los pies ya libre de zapatos, y con la almohada ya en el cuello, estaba preparado para cruzar el océano pacífico en 14 largas horas de vuelo bordeando la costa pacífica de Estados Unidos, continuando por Alaska y llegando por Rusia sobre la península de Kamchatka y finalmente arribando a Beijing  a medio día de dos días después.
 
Tras salir del avión, me estrelló con una de las estructuras techadas más grandes del planeta: el Aeropuerto Internacional de Beijing , y dentro de él, incontables tiendas y adornado con la inconfundible arquitectura china.



Al llegar al lugar donde debo recoger mi pasa-bordo para continuar a Dalian (mi destino final, y hogar por muchos meses), me dicen en un inglés con un acento que jamás había escuchado, ni siquiera de mi profesora de mandarín, que debo recoger mi equipaje y volver a registrarlo para ir a Dalian.  Nunca se me había perdido mi equipaje, y menos al otro lado del mundo.. en un país donde volvía a ser analfabeto.

Y fue allí donde sentí por primera vez la amabilidad china.  Traté de explicarle mi situación a un chino, de no más de 20 años, que tras mirar a su amigo, me hizo entender con una sonrisa y negando con la cabeza que no entendió nada de lo que le dije en inglés.  En un segundo, rebusqué en mis remotos recuerdos de hacía ya un año (que no practicaba chino) y le dije: “Wo bu kan wo de bao” (yo no veo mi maleta, con ayuda de gestos manuales y todo), y para mi alivio me entendió, se paró y me llevó a donde ponen el equipaje que no ha sido reclamado. 

Ya con maleta registrada, y con pasa-bordo en mano, por fin podía ir a comer algo mientras salía mi vuelo.   Para mi sorpresa, en el aeropuerto de Beijing no pude encontrar un lugar donde recibieran mis dólares.  Lo único que pude comprar con 5 dólares en el Café Mei li, fue una cerveza...


Después de una merecida comida, ya que la de los aviones siempre será muy regular, al fin la última sala de espera para tomar el último avión, y donde finalmente vi a una persona occidental.   Nos llevaron en un bus parecido al Transmilenio al avión, y en menos de una hora ya pude ver lo que sería mi nueva ciudad por un largo período de tiempo.



Dalian se dice que es la ciudad más limpia de China, tiene alrededor de 5 millones de habitantes, en su plaza central, Zhong Shan, los letreros no solo están en mandarín, sino también en coreano, ruso y japonés, pués la ciudad tiene personas de esos países por montones.
http://www.youtube.com/watch?v=x3MDYf7KzMI