jueves, 1 de septiembre de 2011

Perdiendo la virginidad China ... la primera vez


Desde una de las  salas de espera del Aeropuerto de Los Angeles a las 10:24 a.m (hora local), ya uno se siente que pertenece al otro lado del mundo porque la proporción de orientales supera por mucho la población occidental.  Incluso el idioma predominante en la sala es una cantidad de susurros incomprensibles.  Incluso para mí, que llevaba por ese entonces 3 años estudiando mandarín, resulta frustrante no poder entender absolutamente nada.

Una vez en el avión, con los pies ya libre de zapatos, y con la almohada ya en el cuello, estaba preparado para cruzar el océano pacífico en 14 largas horas de vuelo bordeando la costa pacífica de Estados Unidos, continuando por Alaska y llegando por Rusia sobre la península de Kamchatka y finalmente arribando a Beijing  a medio día de dos días después.
 
Tras salir del avión, me estrelló con una de las estructuras techadas más grandes del planeta: el Aeropuerto Internacional de Beijing , y dentro de él, incontables tiendas y adornado con la inconfundible arquitectura china.



Al llegar al lugar donde debo recoger mi pasa-bordo para continuar a Dalian (mi destino final, y hogar por muchos meses), me dicen en un inglés con un acento que jamás había escuchado, ni siquiera de mi profesora de mandarín, que debo recoger mi equipaje y volver a registrarlo para ir a Dalian.  Nunca se me había perdido mi equipaje, y menos al otro lado del mundo.. en un país donde volvía a ser analfabeto.

Y fue allí donde sentí por primera vez la amabilidad china.  Traté de explicarle mi situación a un chino, de no más de 20 años, que tras mirar a su amigo, me hizo entender con una sonrisa y negando con la cabeza que no entendió nada de lo que le dije en inglés.  En un segundo, rebusqué en mis remotos recuerdos de hacía ya un año (que no practicaba chino) y le dije: “Wo bu kan wo de bao” (yo no veo mi maleta, con ayuda de gestos manuales y todo), y para mi alivio me entendió, se paró y me llevó a donde ponen el equipaje que no ha sido reclamado. 

Ya con maleta registrada, y con pasa-bordo en mano, por fin podía ir a comer algo mientras salía mi vuelo.   Para mi sorpresa, en el aeropuerto de Beijing no pude encontrar un lugar donde recibieran mis dólares.  Lo único que pude comprar con 5 dólares en el Café Mei li, fue una cerveza...


Después de una merecida comida, ya que la de los aviones siempre será muy regular, al fin la última sala de espera para tomar el último avión, y donde finalmente vi a una persona occidental.   Nos llevaron en un bus parecido al Transmilenio al avión, y en menos de una hora ya pude ver lo que sería mi nueva ciudad por un largo período de tiempo.



Dalian se dice que es la ciudad más limpia de China, tiene alrededor de 5 millones de habitantes, en su plaza central, Zhong Shan, los letreros no solo están en mandarín, sino también en coreano, ruso y japonés, pués la ciudad tiene personas de esos países por montones.
http://www.youtube.com/watch?v=x3MDYf7KzMI

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